All Along The Watchtower - Bob Dylan
A lo largo de la Atalaya
"Tiene que haber una salida"
dijo el bufón al ladrón
"hay demasiada confusión
no encuentro respiro,
los hombres de negocio se beben mi vino,
los campesinos trabajan mi tierra,
pero ninguno de ellos
conoce el valor de esas cosas".
"No hay razón para excitarse"
dijo amablemente el ladrón
"muchos de entre nosotros
piensan que la vida es sólo una broma,
pero tú y yo ya hemos pasado por eso
y ése no es nuestro destino,
así que ahora dejémonos de falsedades,
se está haciendo tarde".
A lo largo de la atalaya
los príncipes vigilaban el paisaje
mientras todas las mujeres iban y venían
y también sirvientes, descalzos.
A lo lejos un gato montés gruñó
dos jinetes se acercaban,
el viento empezó a aullar.
Comentario:
Lo primero que llama la atención son los dos primeros versos, haciendo alusión a la conversación entre un bufón y el ladrón. Si pensamos lo que la sociedad en si teme, disgrega, aparta y encierra en edificios para que no se vean, son a los locos y a los ladrones (el manicomio y la cárcel): al primero porque vive en aquel mundo de la incomprensión, donde no existe la ética y la moral, en el mundo de la locura, algo que no reconoce la sociedad post-modernista como parte natural de nuestra manera intrínseca de nuestra personalidad. Al segundo, por un efecto de miedo, violencia y temor a perder valores económicos, a que te mate y el tipo no sepa medir consecuencias, pero mas allá, es un tema que no se comprende desde el punto de vista del mismo ladrón o de la persona que asalta, ya que es el significado claro de nuestra sociedad rica en valores consumistas y de apariencias, pensando en las faltas de oportunidad, en la educación, en la cultura. Al fin y al cabo es la manera que aprendio a sobrevivir en este mundo, apartado, con carencias, en la periferia. Los dos estados, son controles sociales de poder que manejan, rehusando así que son parte de la sociedad, en la cual el énfasis está en dejarlos de lado, y no hacernos más cargo que encerrarlos en un edificio, mantenerlos la mayor cantidad de tiempo posible (ojalá toda la vida) y que no disturben a la persona "normal" de su quehacer habitual. Dylan no por nada hace esa conversación, en el inicio de esta canción y la mantiene con los siguientes dos versos, en donde la confusión o lo que debiera ser normal o estar bien o no esta claro o indelimitado, por último, se nota a leguas de realidad. Después, ¿qué está bien: el ladrón hombre de negocio que se bebe el vino o el campesino-loco que trabaja la tierra día, tarde y noche sin parar? Que buen remate final Dylanesco en esta primera estrofa: Ninguno de los dos sabe el valor de las cosas, de aquellas cosas que realmente son valiosas en nuestra sociedad, o más profundamente, lo que es para cada ser humano: el amor, la solidaridad, el hacer un buen mundo de verdad. Y con verdad.
Y es ironía metafórica la de Dylan, ya que él nos cuenta en estos versos que el ser humano en esta etapa post-modernista (Dylan escribiría esta canción en el año 1967, para el disco "Jhon Wesley Harding") no sabe lo que hace, lo que piensa, lo que quiere, lo que realmente necesita, o el porque realmente está vivo y haciendo las cosas, el porque respira o el porque debe seguir las normas, el ser humano post-modernista esta tan loco y ladrón como a los que se apuntan bajo ese seudónimo. Sin lugar a dudas, es como en la segunda estrofa, se termina con la genial frase: "...así que ahora dejémonos de falsedades, se está haciendo tarde", donde podemos dar cuenta que no se saca nada con llevar a la vez a la palestra esta conversación de que es ser ladrón o loco, ya que al fin y al cabo, todos lo somos, y se disgrega y apunta con el dedo aquel que se hace notar e identificar en estos paradigmas. He aquí cuando me acuerdo de los comentarios de Franco Basaglia, en donde expone que lo normal es lo que la sociedad, a través de la cultura, las tradiciones, los mitos y sus mecanismos institucionales marcará, delimitará y dictará lo que es estar loco o ser un anti-social.
En la tercera estrofa, muy bien da cuenta Dylan del lugar donde se encuentran los poderosos, las clases sociales altas, en aquel Atalaya donde los príncipes vigilan el posible peligro que pueda venir y el control que conlleva a acumular su fortuna. Dylan acá hace un llamado a dos cosas: el poder de los que lo obtienen y lo manejan, provocando que hagan lo que ellos decidan por todos y de como el ser humano se ha vuelto idiotamente dominado por su propia raza; y en como el pueblo (que es la mayoría) se deja abducir y dominar por dos príncipes. Pero Dylan también propone el grito del gato montañés (o sea, el grito de la revolución), que a la vez, es el miedo de las clases dominantes y el que se representa con dos jinetes acercándose y con el viento a favor de un cambio, o sea, la esperanza de que puede hacer algo mejor.
En la actualidad, quizás ante tanta represión y trauma en lo cultural, en lo intelectual, en lo social, en lo individual, que ésta reflexión de Dylan se puede tomar como un atronador cuento renacentista, pero a la vez, como que no dejar de traspasar épocas. Es a la vez tan válido que hoy en día no se está fuera de contexto decir que todavía el ser humano en general esta atrofiado por él mismo y que a través de la historia no ha sabido aún mirarse al ombligo y realizar la verdadera autocrítica.
Simplemente, me gustaría decir por último, una frase de Bob Dylan: Los tiempos están cambiando. Ojalá con viento a favor en pos para la humanidad entera.
Etiquetas: Bob Dylan
















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